Asociación Eskena - ¿Por qué nos reímos más en el teatro? I DÍA MUNDIAL DE LA SONRISA
Noticias / 1 de octubre de 2026 /

La ciencia dice que nos reímos treinta veces más acompañados que solos. Y eso lo demuestran las artes escénicas. Un repaso a lo que pasa en una platea cuando alguien se tropieza, y a las comedias que las compañías de Eskena traen este otoño.

En 1963, una compañía de seguros de Worcester, Massachusetts, tenía un grave problema: la plantilla estaba descontenta. Después de una fusión complicada, la dirección decidió que había que levantar el ánimo y le encargó a un dibujante de la ciudad, Harvey Ball, algo sencillo que la gente pudiera llevar en la solapa. Ball cogió un rotulador, trazó un círculo amarillo, dos ojos y una boca curvada hacia arriba. Tardó unos diez minutos. Cobró cuarenta y cinco dólares. No lo patentó nunca.

Aquella carita acabó en millones de chapas, camisetas y tazas y, medio siglo después, en el teclado de nuestro móvil. Ball no se hizo rico con ella, pero en 1999 decidió que su dibujo merecía al menos un día al año y propuso dedicar a la sonrisa el primer viernes de octubre, con un lema de lo más modesto: haz algo amable y ayuda a sonreír a una persona. Conviene no pasar de largo por el detalle más teatral de la historia: la cara más feliz del siglo XX la encargó una aseguradora de vida.

 

Treinta veces más

Hay una cifra que los investigadores de la risa repiten como el estribillo de una canción. Viene de los trabajos del psicólogo estadounidense Robert Provine, que se pasó años apuntando cuándo, dónde y con quién se ríe la gente: nos reímos unas treinta veces más cuando estamos con alguien que cuando estamos a solas. La neurocientífica Sophie Scott, del University College London, que además de estudiar la risa ha hecho monólogos, lo explica así: la risa es una emoción, pero vive en las relaciones con los demás. Más que una respuesta a un chiste, es una manera de decirle al de al lado que estamos con él, que lo entendemos, que nos cae bien.

Scott ha comprobado otras dos cosas. Que la risa se contagia, y que se contagia mejor entre gente que se conoce. Y una tercera que a cualquier programador de teatro familiar debería interesarle: los bebés no nacen con la risa contagiosa de serie. Si el padre se ríe, el bebé no tiene por qué reírse con él. Eso de pillar la risa ajena se aprende.

«Nos reímos treinta veces más acompañados que solos. El teatro es el sitio donde más gente se acompaña a la vez.»

Ahora pensemos en un patio de butacas. Doscientas, quinientas, ochocientas personas que en su mayoría no se han visto nunca, sentadas a oscuras y mirando hacia el mismo sitio. El teatro es, entre otras cosas, la mejor máquina que hemos inventado para reírnos con desconocidos.

 

El corazón en la butaca

En 2017, un equipo del mismo University College London, encabezado por el psicólogo Joseph Devlin, colocó sensores a doce espectadores durante una función del musical Dreamgirls en el West End londinense. Querían ver qué le pasa al cuerpo en el teatro. Encontraron dos cosas. La primera, que los corazones de aquella gente, que en muchos casos no se conocía de nada, se aceleraban y frenaban a la vez, como si la función los hubiera puesto a latir a compás. La segunda, que durante la representación el pulso del público pasó una media de veintiocho minutos en la franja que se considera buena para el ejercicio cardiovascular. Sentados. Sin sudar. Algunos, con un refresco en la mano.

El estudio lo encargó una empresa de venta de entradas y no se publicó en ninguna revista científica, así que vamos a tomarlo con la sonrisa que merece. Pero apunta en la misma dirección que una investigación bastante más seria. En 2011, el antropólogo Robin Dunbar, de la Universidad de Oxford, publicó en Proceedings of the Royal Society B un trabajo cuyo título suena a eslogan: la risa compartida va de la mano de un umbral de dolor más alto. Parte del experimento se hizo en el Fringe de Edimburgo. Midieron cuánto dolor aguantaba el público antes y después de ver comedia en directo, y antes y después de ver un drama. Los de la comedia, que se habían pasado buena parte de la función riendo, salían aguantando más. Los del drama, no. En el laboratorio, unos quince minutos de comedia vista en grupo subieron ese umbral alrededor de un 10%. Reírse a solas apenas hacía efecto.

La explicación de Dunbar es que la carcajada de verdad, la que cansa, la que duele en la tripa, libera endorfinas. Y que esas endorfinas sirven para algo más que para pasarlo bien: nos ayudan a sentirnos parte de un grupo. Los primates se despiojan unos a otros para estrechar lazos. Nosotras, que somos muchas y tenemos poco tiempo, nos reímos juntas.

 

Es una cosa muy seria

En 1900, el filósofo Henri Bergson publicó La risa, un ensayo que todavía se lee en las escuelas de teatro. Nos reímos cuando una persona se comporta como una máquina, cuando lo rígido se impone a lo vivo. El señor que se cae porque siguió andando como si no hubiera escalón. El funcionario que aplica la norma aunque la norma ya no tenga ningún sentido. Bergson añadía que, para reírse, hace falta dejar el corazón un momento en pausa: si sentimos demasiada pena por el que se cae, deja de hacernos gracia. Chaplin lo resumió en una frase que se le atribuye y que firmaría cualquier cómico: la vida, vista en primer plano, es una tragedia; en plano general, una comedia.

Las cinco funciones que vienen a continuación juegan, cada una a su manera, con esa distancia. Hay un interrogatorio absurdo, un cementerio con canciones, un muerto que no termina de estarse quieto, una mujer que llama a la puerta de la escritora que le contó la vida y dos curiosos barrenderos. Las eskenakides también saben reírse.

 

Trajea · Txalo Produkzioak

Primer día de rebajas en una tienda famosa de una gran ciudad. Mucha gente, demasiada, y un accidente. El vigilante de seguridad se convence de que un hombre que solo había entrado a comprarse un traje tiene algo que ver con lo ocurrido, y se pone a interrogarle. A partir de ahí, Trajea se mete en un enredo que la compañía describe como trepidante, asfixiante y, sobre todo, ridículo. Que es lo mejor que se puede decir de una comedia.

Está todo lo que Bergson describía: un uniforme, una sospecha que no se baja del burro y un señor que solo quería un traje. Las rebajas ya son de por sí un género de terror; Txalo les pone encima la comedia de situación y deja a dos actores, Joseba Apaolaza y Asier Hormaza, frente a frente y sin escapatoria. Pocas cosas hacen tanta gracia como ver a alguien intentar demostrar su inocencia mientras cada frase que dice le complica más la vida. Que se lo pregunten a quien haya intentado devolver algo sin ticket.

3 de octubre, 22:00   ·   Aiako Probalekua, Aia

RIP, azken musikala · Demode Produkzioak

Si hay un sitio donde se supone que no hay que reírse, es un cementerio. Así que Demode ha montado allí un musical. RIP, azken musikala convierte el camposanto en un lugar muy vivo (no hay forma mejor de decirlo, aunque suene raro) a base de humor negro y canciones originales. La propia compañía lo cuenta como una comedia musical sobre la muerte que, en realidad, habla de la vida: de lo frágil, lo absurda y lo bonita que es.

Detrás hay gente que sabe lo que hace con una carcajada. Patxi Barco firma la dirección artística y Joli Pascualena la musical. El texto lo escriben Barco, Carlos Zabala, Aitziber Garmendia y Jon Plazaola, nombres que el público vasco asocia a la risa. La música es de Iker Huitzi y Pascualena, y la coreografía, de Karlos Nguema.

La entrada cuesta ocho euros. Más barato que un seguro de decesos y bastante más entretenido.

8 de octubre, 20:00   ·   Muxikebarri, Getxo 

Rigor Mortis · Tanttaka Teatroa + Txalo Produkzioak

Y hablando sobre la muerte… Un hombre acaba de morir. A su alrededor, su mujer, su hija, su sobrina y una vecina. Tienen prisa, porque quieren evitar que llegue el rigor mortis. Y mientras pelean contra el reloj y contra la rigidez, empiezan a salir los secretos de familia, uno detrás de otro, por un camino que ya no tiene vuelta.

La obra, escrita por Dorleta Urretabizkaia, ganó en 2022 el programa Nuevas Dramaturgias que impulsan el Victoria Eugenia de Donostia, el Principal de Vitoria-Gasteiz y el Arriaga de Bilbao. La dirige Mireia Gabilondo y la interpretan Aizpea Goenaga, Garazi Urkola, la propia Urretabizkaia y Joseba Apaolaza.

24 de octubre, 19:00   ·   Juanba Berasategi Aretoa, Pasaia (PUAJ! 2026)  

 19 de noviembre, 19:30   ·   Vitoria-Gasteiz

 

Kandida · Tartean Teatroa

Patxo Telleria lleva décadas haciéndonos reír y, en los últimos años, haciéndonos pensar mientras nos reímos, que es bastante más difícil. En Kandida, Klara es una escritora joven que acaba de triunfar con su novela. La misma noche de la presentación llaman a su puerta. Es Manuela, la mujer desahuciada cuya historia inspiró el libro, que lleva dos años viviendo en la calle y le pide quedarse en su casa. Entre las dos, un editor que solo piensa en el siguiente éxito.

La obra habla de vivienda, del éxito a cualquier precio y de esa pregunta incómoda sobre lo que vemos y lo que preferimos no ver en nuestras ciudades. Nadie diría que de ahí puede salir una carcajada. Nerea Mazo, Miren Gaztañaga y Mikel Martínez caminan por esa cuerda floja. A esto se le llama comedia social, y se nota que está bien hecha porque la sonrisa dura postfunción.

 

25 de octubre, 19:30 · BBK Aretoa, Bilbao  

6 de noviembre, 20:30 · Soraluze   

8 de noviembre · Villabona

 

Grimm anaien parkea

Erre Produkzioak

Es teatro gestual, sin una sola palabra, para todos los públicos y de unos cuarenta y cinco minutos, con Gorka Mínguez y Alfonso Díez en escena. Aquí la risa entra por los ojos, que es por donde entra la de los críos y también la mejor de los mayores. La caída, el gesto exagerado: lo más antiguo que tiene la comedia y lo que mejor funciona en una función llena de familias.

El niño mira cómo se ríe su madre, la madre mira cómo se ríe el niño y alguien en la tercera fila se ríe de los dos. Así se fabrica un público. Así, de hecho, nos fabricaron a casi todos.

31 de octubre, 17:00   ·   Centro Cultural Aiete, Donostia   

 

Hoy es el Día Mundial de la Sonrisa. Sonrían, si les apetece. Pero el resto del año, vengan al teatro. Y siéntense al lado de alguien que se ría más fuerte.

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