Abril tiene algo especial para la danza. Quizá porque el calendario se acerca al Día Internacional de la Danza, quizá porque en estas semanas la programación se afila y aparecen piezas muy distintas entre sí: propuestas familiares, estrenos, firmas consolidadas y trabajos que empujan el lenguaje coreográfico hacia otros lugares. Sea como sea, es un buen momento para mirar la agenda con calma y elegir. En Euskadi, este abril de 2026 deja una pequeña ruta de seis paradas que merece la pena seguir de cerca.
1. Nijoyome, una invitación a entrar en el movimiento desde dentro.

La primera parada llega el 16 de abril en el Teatro Victoria Eugenia de Donostia, donde Nuria Pérez ofrecerá un ensayo abierto en torno a Nijoyome. La pieza quiere acercar al público (especialmente al familiar) ese universo interior que no deja de moverse, transformarse y relacionarse con el entorno. Hay algo especialmente atractivo en este formato: no solo permite ver una obra, sino también asomarse a su cocina, a ese momento en el que la danza todavía está ocurriendo y no ha terminado de cerrarse del todo.
2. 52-BLAU, un estreno dentro de BLV-Art para quienes buscan riesgo escénico.

El 17 de abril, dentro de BLV-Art 2026, llega al Museo de Reproducciones de Bilbao el estreno de 52-BLAU, de iXa Universos de Movemento. La pieza se presenta como un intento de sobrevivir a un naufragio en la inmensidad de un espacio infinito, una imagen potente que ya deja entrever una propuesta de fuerte carga visual y sensorial. Es una de esas citas para quienes entienden la danza no como adorno, sino como experiencia: una forma de entrar en un estado, en una atmósfera, en una tensión física y emocional difícil de traducir a palabras.
Entrada libre hasta completar aforo.
3. Lana, cuando el trabajo entra en escena.

También el 17 de abril, esta vez en el Social Antzokia de Basauri, se podrá ver Lana, la creación de OSA+MUJIKA con coreografía de Jaiotz Osa. La pieza reflexiona sobre el trabajo y sobre la forma en que este atraviesa los cuerpos, los ritmos y la vida cotidiana. No es un tema menor: pocas cosas condicionan tanto nuestra forma de estar en el mundo como el tiempo que dedicamos a producir, sostener, repetir o resistir. Lana parte de ahí y lo convierte en materia coreográfica, con un elenco formado por Rafke Van Houplines, Maddi Ruiz de Loizaga, Paula Parra, Adrián Bolaños y Jaiotz Osa.
4. A.I. (Amalur indarra), Lucía Lacarra ante las preguntas de nuestro tiempo.

Los días 23 y 24 de abril, el Félix Petite Antzokia de Vitoria-Gasteiz acoge A.I. (Amalur indarra), la segunda producción de Lucía Lacarra Ballet tras Lost Letters. Aquí el punto de partida conecta de lleno con el presente: la irrupción de la inteligencia artificial, las preguntas sobre la creatividad y el lugar que ocupan las emociones en un mundo cada vez más atravesado por la tecnología. Con concepto y dirección de escena de Lucía Lacarra y Matthew Golding, y coreografía de Matthew Golding y Juanjo Arqués, la pieza se presenta como una de las grandes citas del mes para quienes buscan danza con ambición escénica y lectura contemporánea.
5. Furfuria, el cuerpo como archivo.

El 25 de abril será el turno de Furfuria en Gazteszena (Donostia / San Sebastián), donde se verá este estreno firmado por Nerea Gurrutxaga. La obra nace de una investigación coreográfica que concibe el cuerpo como un archivo vivo de memorias heredadas y explora, además, la relación entre voz y movimiento. Ahí está buena parte de su interés: en entender que la danza no solo inventa formas nuevas, sino que también puede hacer aflorar capas de memoria, restos, resonancias, materiales que estaban ahí antes de que el gesto apareciera. Una pieza para quien quiera ver una creación de hoy sin perder de vista todo lo que el cuerpo arrastra consigo.
6. Amama, danza para mirar en familia.
La última propuesta de esta selección llega el 26 de abril a Kurtzio Kultur Etxea de Sopela con Amama, de Aukeran Dantza Konpainia, una propuesta de danza infantil. La obra parte de una imagen sencilla y poderosa: una abuela que cuenta cuentos a su nieta. A través de coreografías basadas en bailes vascos, el espectáculo pone en escena varios relatos y construye una pieza pensada para compartir entre generaciones. En un mes en el que a menudo se subraya la innovación o la experimentación, conviene recordar también esto: la danza puede ser un lugar de transmisión y de cercanía.
Esta pequeña ruta de abril confirma algo que el Día Internacional de la Danza solo viene a recordar: la danza no ocupa un rincón secundario dentro de las artes escénicas. Está en el ensayo abierto y en el gran formato, en la pieza familiar y en la investigación contemporánea, en la memoria, en el trabajo, en la tecnología y en la tradición. Y precisamente por eso merece ser mirada con más atención, no solo el 29 de abril, sino durante todo el año.
En Euskadi, este 2026 hay razones de sobra para hacerlo.
